Who We Are Now XXVII
- Me gusta tu voz- susurra en tono bajo y suave antes de volver a entreabrir los ojos para verle directamente algo avergonzado.
Estaba más que perfecto de esa forma. Y de haber molestia, sería sólo porque osara alejarse de él.
Ciertamente no era el mejor cantante, pero había algo tan sincero en su voz, en momentos así especialmente, que lo hacían bueno. Similar a las caricias que le brindaba, la voz terminó. Le gustaba aquella letra, le hacía pensar en todas esas cosas que la gente hacía mal, como juzgar acciones ajenas. No podía más que cantarla cuando sonaba de entre su kilométrica lista de canciones, la mayoría oídas en el taller.
Así le juzgaban a él, pensó, mirando a Steve a los ojos. Suspiró igual que el otro, dichoso, como pocas veces, al darse cuenta de que no podía estar mejor.
- ¿Te gusta? -Preguntó, con los párpados sellados, aunque atento a Steve, aún acariciando su clara nuca.- Está muy frío afuera… -Susurró a penas, tomándole suave las mejillas, buscando un beso lento, reconfortante para los dos, pues todo lo bien que él se sentía en la compañía de Steve quería compartírselo.
- Tal vez esté un poco viejo para ti… O tal vez sólo yo me sienta así… Pero quiero que te quedes conmigo… Al menos… Otra noche más… -Habló torpe, de corazón por su somnolencia, que le impedía el orgullo.
La almohada seguía aplastada entre ellos, el volvió a acariciar la nuca de Steve, y a tararear su canción con pasión, con cansancio. Se quería disculpar por ese adormecimiento, pero… No lo hizo, sólo se estuvo siempre cercano, enredando sin excusas sus pies con los ajenos.
Desde que la experimentaba, la tibieza del otro le parecía otra de las cosas más gratificantes de su compañía, y su disposición a compartirla, parecía todavía más increíble.
- Sssh… -Murmuró a su oído, habiéndolo atraído de la nada hacia él, bostezando contra su mejilla, sonriendo cual felino conforme de todo lo que lo rodeaba.
Besó, como solía hacer, la sien del otro.